~Marta Lamas | Deber de memoria

 

 
La marcha del miércoles pasado, que expresó el dolor y la indignación de miles de
ciudadanos en todo el país, es un hecho trascendente. El silencio y la pasividad son
indicadores del terror, la despolitización, el hartazgo y la frustración, y la convocatoria de
Javier Sicilia vinculó y movilizó a personas de distintas trayectorias y pertenencias grupales.
Pierre Nora dice que después de una conmoción o una tragedia aparece la memoria
comunitaria y se instala lo que él denomina el “deber de memoria”: el esfuerzo para que no
se olvide lo ocurrido. Lo que está demostrando Sicilia, entre otras cosas, es la fuerza de su
deber de memoria, no sólo con su hijo, sino con todos los demás inocentes sacrificados.

 

Javier Sicilia encarna lo que hoy más nos duele y preocupa a los mexicanos, y al
posicionarse como una de las tantas víctimas del horror que vivimos, el poeta se volvió una
especie de conciencia colectiva. Hay veces en que la barbarie suscita formas nuevas de
organización, y el espíritu cívico de esta marcha, convocada fuera de las vías tradicionales
de movilización –partidos y sindicatos–, se perfila como un filón promisorio para lo que
Sicilia propone: “devolverle la dignidad a esta nación”.

 

Y así como el compromiso cívico, la voluntad de comunicación y la acción ciudadana son
formas de la palabra compartida, no hay que olvidar que también necesitamos la poesía. Por
eso suscribo el exhorto que Miguel Ángel Granados Chapa le hizo a Sicilia de que por favor
no deje de escribir.

 

Y además de sumarme a quienes lo acompañan desde el corazón en estos momentos, yo
quisiera darle las gracias a Javier Sicilia por la forma en que ha encauzado su atroz
sufrimiento en una acción pública que incluye a todos los que han padecido una tragedia
similar. Para ello traigo a cuento un poema de Luis Cernuda, titulado 1936, que Carlos
Monsiváis me descubrió hace tiempo y que inicia diciendo:

 

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

 

Sigue el poema rememorando a un combatiente de la Brigada Lincoln durante la Guerra Civil
en España, y concluye:

 

Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana.

 

Yo te doy las gracias, Javier, por tu ejemplo.

 

^
Revista Proceso no. 1797

 

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