~FRANCISCO HERNÁNDEZ | EL POETA Y SU CHAMBA

☜☞

 

 

Cuando no escribe,

acude a una funeraria llamada

El cielo abierto.

Allí se encarga de pulir los féretros,

de acomodarlos,

de establecer identificaciones

con letras de plástico

en el pizarrón de la entrada.

Por su vivienda se le ve

con aspecto de zombi.

En cambio, en el trabajo

conversa con los difuntos,

da color a la paz de sus facciones

y si no le contestan, los escupe.

Al tratar con mujeres

desliza endecasílabos procaces

a  lo largo de sus muslos helados,

sin dejar de medir

la curvatura de sus caderas.

Traza versos con unas de tres dedos,

corrige con abejas africanas,

borra con margaritas derretidas.

Cuando el entierro parte por fin

al cementerio, coge una hoja de papel,

saca la pluma fuente y deja este recado:

"Vida, te esperé hasta el último instante.

Me voy volando a la casa. Estoy muerto.

 

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